Simplifica lo operativo del hogar — la comida, la plata, las tareas — y cuida a quienes lo habitan. Empieza contigo. Crece con los tuyos.
Escrito por Pacto esta mañana, en un hogar real. Sin que nadie se lo pidiera.
No necesitas a nadie más para hacer un pacto. Necesitas la decisión de habitar bien — y después, todos los que se sumen caben adentro.
La persona que quiere que su casa funcione como un reloj. Que entiende que el orden del hogar es respeto propio — y preparación para amar bien cuando llegue el momento.
La pareja que decidió que lo cotidiano no va a ser su guerra. Que se agradece, se registra, se anticipa — y cuando llega el "tú nunca haces nada", hay datos, no memoria.
Hijos, mascotas, quienes compartan el techo. Sin límite de integrantes. Cada quien ve lo suyo — y el corazón de la pareja queda protegido, siempre.
La mayor amenaza de un hogar no es la infidelidad ni la crisis económica. Es el miércoles a las 7pm cuando los dos llegaron cansados, nadie cocinó, la basura lleva dos días, y alguien explota por algo que en realidad no tiene nada que ver con la basura.
Nadie supo qué cenar. Otra vez la misma discusión.
Se venció la energía. "Yo pensé que tú la pagabas."
"Tú nunca haces nada." Dicho con rabia, sin datos.
Mercado sin plan. Se vence lo de siempre.
El amor no necesita grandes gestos — necesita que lo cotidiano no sea una guerra.
Todo lo que carga la cabeza de un hogar — qué comemos, qué tenemos, qué debemos, cómo estamos — vive en un solo lugar. Y se habla entre sí.
Planea 5 comidas al día con un recetario colombiano de verdad que crece contigo. Las calorías del día aparecen en tu pantalla de inicio, sin que las busques.
Tómale una foto al recibo del mercado y todo entra solo, con precios reales. Siempre sabes qué tienes, cuánto tienes y cuánto costó.
El radar de pagos con fechas, la alcancía que llenan juntos, el reparto de los fijos y las metas en común. Lo que se mide, se cuida — y lo que se cuida, no se pelea.
El muro de la gratitud y el perdón, escrito a mano por ustedes. Los planes al azar con sitios reales y precios reales. El balance de salud del hogar, mes a mes.
"Los que aman de verdad no cuentan los gastos, cuentan las mañanas compartidas y las manos que se sostienen en la noche."
"Para el sudado del jueves te falta la papa criolla. La agregué a tu lista del mercado."
"Se dijeron gracias 24 veces este mes. El mes pasado fue 1 — van creciendo."
No es un chatbot. Es una inteligencia que sabe cómo llegaron hoy, qué hay en la despensa, qué se vence, cómo viene el mes — y desde ese conocimiento habla poco, con peso. Un consejo al día, cuando hay algo que decir.
La estamos educando en amor propio, terapia de pareja profunda y manejo de emociones — con fundamento real, no frases de horóscopo. Es la diferencia entre una app que administra y una que acompaña.
Pagas por el tamaño de tu casa, una vez al año. Sin mensualidad, sin sorpresas.
Un perfil. Tu casa, tu orden, tu ritmo.
Dos perfiles. Todo lo de arriba, más el corazón del pacto.
Sin límite de integrantes. Hijos, mascotas, quien comparta el techo.
Pruébalo 7 días gratis con el código de alguien que ya lo usa.
Los primeros 30 hogares congelan su precio: lo que pagan hoy es lo que renuevan siempre, aunque después suba. Cuando crezcamos, abrimos más cupos — pero a ellos nunca les cambiamos el trato.
Ser fundador no es un descuento: es ser socio del crecimiento. Cada hogar que entra con tu código te paga el 10% de su plan anual — $7.000, $10.000 o $13.000, de por vida — y a tu amigo le descuenta $10.000. Es plata real: retirable desde $50.000, girada por Nequi cada mes. Con 10 referidos recuperas tu año; con 20, Pacto te pagó el doble de lo que invertiste. Y encima: acompañamiento directo, mejoras sin costo y el primer mes de la mano con nosotros.
Nos escribes por WhatsApp, eliges tu plan y confirmas. Quedas dentro de los 30 fundadores.
Entras a app.pactodehogar.com con tu correo y tu casa empieza a existir: privada y aislada. Nadie más ve lo que pasa adentro.
Recibes un código para que quien vive contigo entre a la misma casa, con su propio perfil.